lunes, 28 de enero de 2013

Idea Vilariño, una voz desnuda y en lo oscuro




Idea Vilariño es una poeta de la noche. Lo confiesa ella misma y lo demuestran sus poemas. Agradezco a todo no haber sido un uruguayo de principios del siglo XX, porque hubiera enloquecido con esta mujer. Y yo -que voy teniendo la clarísima conciencia de que no inventaré ninguna Santa María- no habría pasado de ser un nombre más de su escandalosa lista, un pequeño gasto de tinta, polvo intrascendente del que estan hechos sus versos trascendentes.


Son poemas dolorosamente breves, como si el dolor o el desencanto que los provocan no dejaran aliento para nada más; como si apenas quedaran fuerzas para el diálogo inevitable. Poemas que desde un sombrío universo dan la medida de un ser aferrado a la vida, que amó desesperadamente y vivió dividida entre un impulso de militante activa y un desinterés estoico por la interacción social.


Abruma su rigurosidad escritural, en un continente verborréico y exuberante. Nacida en un idioma tan tentador para el torrente de palabras, Idea hace un acto de cirugía lírica y extirpa todo atisbo de metáfora, dejándote (no se puede olvidar su constante ) ante una imagen limpia, ante el sentimiento mismo, al igual que esos tangos que tanto elogió.



Te estoy llamando

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.

Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.

Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

1957



Ya no

Ya no será

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendréde noche no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros...

no sabré dónde vives

conquién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.


1958