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lunes, 26 de agosto de 2013
Rehenes ante la pantalla.
Después de un tiempo viendo cine, uno se acostumbra a conflicto superficiales en la pantalla tratados con mucha profundidad, la cual se traduce en toda una explicación de por qué nuestros protagonistas actúan de una manera determinada, y de paso malgastan buena parte del metraje. Son pocos los personajes con características per sé, quizás los villanos remalos sean la excepción, como al final de la jornada terminarán en la cuneta, a quién le importa su historia. Sí, hablo de un cine de entretenimiento y sin pretensiones, pero no tiene por qué ser sinónimos de idiotez y superfluidad.
The host, película coreana del 2006, está hecha ante todo para divertir, pero con los códigos revertidos: los momentos dramáticos son para desternillarnos de la risa, y los gags basados en la estupidez de un personaje nos congelan, y quedamos incapacitados para soltar la carcajada que sabemos toca en ese momento. Pero la sensación es espectacular, descubrir un tema tratado hasta la saciedad (monstruo mutante aterroriza a la ciudad) desde una visión diferente, con personajes llenos de conflictos y defectos y con apenas un puñado de virtudes, se agradece, porque uno se harta del militar americano (con pequeño cameo incluido) que todo lo resuelve gracias a sus cualidades (físicas, por lo general).
Pero para seguir ampliando el espectro de lo diferente, la historia de amor colocada sin lubricante en cada cinta de monstruos esta vez se queda en lo paternal. Un protagonista con retraso mental no puede enamorarse a lo Forrest Gump, necesita una motivación mayor para enfrentar a la bestia, para adjudicarse el enemigo de toda una ciudad para él solo: la vida de un hijo. Eso suena más lógico. Y el equipo que le acompaña no pueden ser sus colegas del barrio, sino una arquera de fama nacional, un universitario alcohólico y un anciano con paciencia inagotable: todo queda en el ámbito familiar.
Cuando al minuto cinco aparece el monstruo mutante del río Han, uno debe hacer una serie de concesiones características del género, pero eso es lo maravilloso del film, la gama de géneros entre los que se desplaza, y no me refiero a una escena o secuencia determinada. Por momentos la cinta se convierte en thriller, luego pasa a comedia para regresar con una carga dramática que vuelve a desarmarse con un gag, ahí radica su capacidad de sorprender. Entre esto y los giros inesperados del guion, uno termina agradeciendo la ruptura de la rutina catastrófica donde todos conocemos el resultado final antes de sentarnos ante la pantalla.
De paso, el director John-ho Bong, le guiña el ojo al entrometimiento norteamericano, a la pasividad de los gobiernos ante los momentos de crisis y a los maravillosos diseños de los engendros marinos con un pez con piernas e innumerables extremidades, tan bizarro como asimétrico.
Ahora, cuando uno quiere buscar qué es lo más importante de la cinta, personalmente pongo a un lado la maravillosa realización para lo que debió ser una obra de serie Z y el mero divertimento; me quedo con los personajes, con su fuerza interna y con sus diez mil defectos, con el concepto de familia para una muy disfuncional. Poner a un lado todo el resentimiento interno por amor, no en el sentido comercial, es motor suficiente para echar andar cualquier filme
jueves, 8 de agosto de 2013
Cincuenta líneas con Enrique Colina
Acá les
dejo un extracto de la entrevista que realicé a Enrique Colina para mi tesis, y
de paso le doy un pelín de promo al libro realizado que desconozco si
algún día verá la luz.
Enrique Colina es uno de los críticos más
conocidos de nuestro país por el programa televisivo 24 x segundo. Muchas personas aprendieron a descubrir claves en el
cine gracias a las herramientas que brindó al público para decodificar las
películas. Después de treinta años al aire, Colina colgó los guantes con la
crítica y se dedicó por completo a la dirección de cine, donde ha realizado
gran cantidad de cortos, documentales y el largo Entre ciclones (2003).
¿Cómo
influye su gusto cinematográfico en su labor de crítico?
Todo es subjetivo. Quizás no me guste un
estilo, pero puedo reconocer en correspondencia con los propósitos y la
coherencia con la que el director ha tratado esa obra, si está bien o mal
hecha. Trato no de imponer una visión sino de despertar elementos de
apreciación, de develar en alguna medida los instrumentos, las herramientas de
análisis útiles para la valoración de la obra y dejo a consideración del
público si es buena o mala. Siempre doy una opinión pero no debemos imponérsela
a los espectadores sino proponer una decodificación; el receptor puede estar de
acuerdo o no conmigo pero siempre parto de un criterio y de una definición
ideológica con respecto al objeto en cuestión.
¿Cómo
valora la libertad de criterio de los críticos de cine?
La realidad nuestra no contribuye a esta en toda su dimensión. Por ejemplo, con una mayor difusión
para la gran cantidad de obras realizadas por jóvenes uno (como crítico)
volcaría su visión a partir de las temáticas abordada por estas. Esa libertad
de expresión para tocar determinados temas que una película nos sirve en
bandeja propicia un análisis en profundidad. La correspondencia entre la
libertad del crítico para expresar su pensamiento y la exhibición de
ciertos materiales públicamente es una realidad que ha estado muy constreñida
por factores de conveniencia ideológica a la hora de permitir una apertura de
análisis.
¿Cuándo
usted tenía el programa 24 x segundo,
cómo se retroalimentaba con el público?
Hace diez años dejó de transmitirse y aun hoy
salgo a la calle y me preguntan “¿por qué quitaron el programa?”; 24 x segundo enseñaba cine a personas de
diferentes niveles, también incentivaba la curiosidad por aprender, por eso
tuvo éxito y sobre todo por ser muy poco ortodoxo en los puntos de vista
cerrados y dogmáticos, buscaba el pretexto del cine para hablar de la realidad.
¿Qué es
más importante en una crítica, la comunicación o el derroche de conocimiento?
Puedes saber mucho pero no tienes por qué
hacer gala de ese conocimiento; el alarde de los saberes está expresado en mi
capacidad de comunicación no en detrimento de ella. He leído algunos trabajos y
me parece un desastre utilizar términos de la semiótica para expresar ideas,
¿por qué si puedes decir lo mismo de una forma más sencilla? La principal
virtud de la crítica es hacer pensar a las personas, convertirla en un elemento
de orientación cultural, no dándole digerida la comida; eso se hace hoy, “tal
película cuenta esto” y esa no es la forma correcta, sino “fíjense cómo se
aborda este tema, qué nos hace pensar, qué reflexiones nos trae a colación”,
pero no desentrañarle la cinta al espectador, ese es un factor heredado del
verticalismo de esta sociedad.
En 24 x segundo, ¿cómo eran las relaciones
con la televisión a la hora de proponer una película?
Era bastante difícil; siempre fue tensa porque
la televisión ha estado controlada por el aparato ideológico del Partido. Aquí
hay libertad para tratar temas en correspondencia con el diapasón de auditorio
que tengas; si vas al teatro verás más apertura porque el público es reducido,
si lo vas ampliando a mayores cantidades y llegas a los medios masivos, ahí se
reduce la opción de abordar los temas sin pelos en la lengua. No era solo
dogmatismo político, también había ignorancia. En ocasiones se suspendía el programa
porque había una teta en un horario determinado; ¡lo primero que uno ve cuando
niño es una teta! Me cuestionaban si el porciento de películas de países
capitalistas transmitidas era mayor que las de los países socialistas, cosas de
la burocracia tarada, ignorante y oportunista, porque muchos de esos dirigentes
se fueron y están hablando pestes de esto ahora, y ellos eran los artífices de
esa política de censura.
(Tomado de Uno de Guanajay)
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