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lunes, 13 de enero de 2014

Cuentos para niños malos

A finales de año encontramos este tremendo texto de Santiago Roncagliolo que deberíamos enmarcar y recordar siempre que nos toque educar a un niño. Mi hija leerá a Lewis Carrol, y a Roald Dahl, y a Perrault sin censura. Y hará las preguntas adecuadas.

por Santiago Roncagliolo
Esta Navidad pienso regalar cuentos infantiles. Pero sólo cuentos políticamente incorrectos.
Mi autor infantil favorito, Roald Dahl, es uno de los más irreverentes. Su cuento Matilda, con el que Danny DeVito hizo una película, es un alegato contra la familia y el colegio. El padre de Matilda es repulsivo. Odia la lectura y ama la televisión. Se dedica a las estafas de poca monta. Y cuando tiene que huir de la policía, no le importa abandonar a su hija. Pero mucho peor es la directora de la escuela, la temible señorita Trunchbull, que simplemente odia a los niños y dedica su institución a torturarlos.
Otro cuento de Dahl, Las brujas, aterrorizaría a cualquier chico, y a muchos de sus padres. Las brujas son calvas, tienen garras en vez de manos, y se organizan en un siniestro sindicato internacional para eliminar a los niños de la faz de la tierra. Y en el más popular de sus libros, Charlie y la fábrica de chocolate, Dahl pinta castigos horrendos e irreversibles para los niños que se portan mal.
Los autores de libros infantiles sabemos que hoy día no se puede escribir nada de esto. Los editores están en guardia contra cualquier sospecha de valores inadecuados. Los libros infantiles no son considerados objetos de placer o entretenimiento, sino modelos de conducta. Las familias descritas deben ser agradables, y las profesoras, atentas. Los niños no deben recibir castigos, sino aprender la lección mediante el diálogo. Y los malos tienen que perder miserablemente, aunque sin violencia.
Todos esos principios son muy loables, pero pueden producir libros aburridos. Por el contrario, a lo largo de la historia, los cuentos infantiles han sido bastante irreverentes, incluso crueles. Pulgarcito, por ejemplo, debe ser la pesadilla de un educador. Sus padres lo abandonan en medio del bosque para no tener que alimentarlo, y él engaña al ogro para que decapite a su vez a sus propios hijos. Finalmente, Pulgarcito le roba sus tesoros al ogro. Y sólo gracias al botín, sus padres lo vuelven a recibir en casa, porque el niño ya sale rentable.
Con notable frecuencia, estos cuentos son censurados y reescritos. Hace un par de años compré un ejemplar en el que Pulgarcito no era abandonado, sino que se perdía en el bosque. Por su parte, el ogro no tenía familia y moría por accidente. Así, el botín de Pulgarcito ya no era producto de un robo, sino, digamos, de haberse encontrado un tesoro sin dueño tirado por ahí.
Pero los “malos ejemplos” están por todas partes: ¿Qué hacemos con la bruja antropófaga que muere quemada en Hansel y Gretel? Podríamos ponerla vegetariana, y matarla de una neumonía. ¿Y los valores sexistas de los cuentos de princesas? Quizá en vez de princesas deberíamos poner ejecutivas de transnacionales. ¿Y qué hay del prejuicio contra las familias modernas en Cenicienta? A lo mejor, en vez de madrastra, la mala debe ser “una amiga de la familia”. Así nos aseguraríamos de transmitir valores sanos… Y cuentos insoportables.
Pensemos qué pasaría en la gran literatura si tuviese que limitarse a las lecciones edificantes. A lo mejor debemos cambiar al pederasta de Lolitapor una tía cariñosa. Y darle a Madame Bovary una vida sexual sana y satisfactoria. Y en vez del ejecutivo asesino en serie de American psycho, tendríamos que poner a un jardinero macrobiótico. ¿Absurdo? ¿Y por qué no es absurdo con los niños? ¿No confiamos en ellos?
No. No confiamos en nosotros mismos.
El férreo control de contenidos editoriales infantiles no protege a los niños, sino a los padres. Tenemos miedo de las preguntas incómodas. Nos asusta ser incapaces de explicar por qué esos padres abandonan a sus hijos o esas madrastras son malas (aunque durante siglos ha bastado la frase “porque es un cuento, hijo”). En suma, tenemos miedo de hablar con nuestros propios hijos. Pero precisamente para eso se hacen los libros: para pensar, imaginar y discutir.
Si eliminamos de los libros todo lo que nos parezca inapropiado, no salvaremos a nuestros hijos de las malas ideas. Al contrario, los volveremos incapaces de reconocerlas. Lo que sí lograremos es que los chicos abandonen la lectura y se entreguen a la PlayStation, donde pueden matar a un montón de gente sin que nadie se queje.

(Tomado de El País)

viernes, 23 de agosto de 2013

Carta primera de Laura Bahía al director (fragmentos)



(...) Yo sé cosas. Cosas que a mi edad no debería saber, pero las sé con la minuciosa certeza con que otros reconocen las huellas de los pájaros.

La causa que yo sepa está por determinarse. Mi abuela no vio una mariposa entrar en la boca de un gato que bostezaba y no la vio salir después como por milagro. Si usted o yo creyéramos en el prodigio sería más fácil. Si viéramos señales donde hay azar sería más fácil. Si la pequeña herida que me hice cuando niña en la cabeza fuera un aviso, fuera una indicación de que yo no tengo en verdad veintiocho años sino ochenta y dos, entonces tendría motivos para saber. No tengo motivos y sin embargo yo conozco adónde van a parar los sueños que se sueñan despierto aunque a veces se tengan los ojos cerrados.


(...)

Usted quiere el temblor para sus sueños y yo he de darle el temblor pero también le voy a hacer preguntas. ¿Qué me dice,  pongamos, de la papiroflexia?
A lo mejor usted pasó por una vitrina donde había un manual de papiroflexia. Y se vio comprándolo. Y se vio convertido en una de esas personas que poseen el arte y la habilidad de dar un trozo de papel la figura de determinados objetos o seres. O acaso usted una buena mañana decidiera aprenderse los nombres de las plantas, las formas de las hojas de los árboles. Algunos lo consiguen. Algunos se convierten en hombres y mujeres serenísimos. Algunos, pero ni usted ni yo (...) No compre el manual o el libro de botánica. Confórmese con conocer los rudimentos del barco de papel y que los abetos tienen hojas aciculares. No llegará más lejos. Hace tiempo que hemos iniciado un camino sin esperanza.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Brevísima crítica sobre "El Cosmonauta"


Ya vi la película “El cosmonauta”, o al menos la parte que dura una hora y 39 minutos aproximadamente porque ya sabemos que la película es mucho más que eso. Apenas leí el último crédito quise buscar las críticas y reacciones del público en general para comparar criterios. Pensé incluso en preparar una especie de dossier con las mejores críticas. Quizás lo haga, cuando termine la tesis (oh, maldita…) y con la ayuda de unos cuantos amigos.

Antes quiero dar las gracias a los realizadores. No bastaba con cambiar el mundo del cine (para pesar de muchos) con todos los inventos transmediáticos que le incorporaron a la historia, inventos que presiento no tenían detrás una mente maestra experta en todos estos temas sino que se basaron fundamentalmente en la intuición y tuvieron mucha suerte en las redes sociales, sino que además hicieron una BUENA película. Y lo escribo en altas, sí, un filme bien realizado y con una historia simple pero maravillosamente contada.

Quienes me conocen saben que no critico a Hollywood demasiado y que prefiero aprender primero de sus éxitos y tantos valores antes de publicar críticas contra “la gran industria del dinero”, pero no niego que un filme distinto a los que veo cada día no es mala idea. Tampoco se imaginen que “El cosmonauta” es la decimoctava gata del pato ni mucho menos en cuanto a cine se refiere, pero sí estamos en presencia de un filme distinto, con montaje atrevido y excelente, con banda sonora en su conjunto en función de la historia y con una fotografía que lejos de bonita o alardosa se pone en función de la trama, como debiera ser siempre pero lamentablemente no es.

Tiene elementos que no me gustan, por supuesto, como la primera escena con el monólogo que ya anuncia por dónde viene la cosa. Demasiado teatral para mi gusto con ápices de muy mala actuación.
Por otra parte mi única preocupación se encuentra en el gran público y la aceptación que pueda tener el filme. Presiento que es un tin metratrancoso (cuando menos) para el gran público y pongo en duda el éxito económico del proyecto a partir de ahora.

No obstante, no importa lo que suceda con “El Cosmonauta”, ya sus realizadores triunfaron, ya demostraron que puede haber un cine otro, que no niega de la sala oscura, del 35mm y de todo lo que hasta ahora se conoce como el séptimo arte, sino que incluye nuevas maneras con posibilidades infinitas para contar las historias y, mejor aún, con la participación directa y real de nosotros, los espectadores. Solo por eso, gracias. 

martes, 30 de abril de 2013

Junot Díaz vs Amazon (entrevista en El País)

Junot Díaz, un monstruo literario que ha revuelto las aguas de la escritura en Estados Unidos desde hace unos años, fue entrevistado por El País -intercambiará con los lectores el 1ro de mayo a las 6 pm, hora local- y dejó un montón de ideas brillantez y controvertidas que quisimos compartir. 



miércoles, 24 de abril de 2013

Tocayos


Mi amigo Rafael G. Escalona me regaló hace varios meses un poemario que todavía no he leído, ni creo que lo vaya a hacer. Tiene título surrealista, como de cuadro de Dalí, o de Chirico. Se llama La campana y el martillo pagan el caballo blanco, y fue publicado en 1977, por una enigmática editorial Ayuso. También, ahora que lo pienso, tiene título de cuaderno infantil, pero el libro es naranja, y la ilustración de la portada es una máscara negra y forzuda, a las claras la máscara de un antihéroe de la Cartoon Network. Nada que enamore a un muchacho sensible.

lunes, 11 de marzo de 2013

Entrar (voluntariamente) en fuera de juego



El 24 de enero inauguré el blog Cuba y la noche. Un blog en el que, como reza su lema, se puede encontrar casi cualquier cosa de literatura, música y cine . No es solamente un blog donde exorcizar mis demonios del periodismo cultural; también lo creé con la intención de publicar trabajos de otras publicaciones que me parecieran interesantes dentro de ese amplio espectro temático que me propuse. Mis amigos, que tienen por costumbre sumarse a estas ideas, no dejaron de seguirme. Dos semanas más tarde ya había caído un post de Javier, y un poco más tarde se estrenó David (solo falta que Carlos Manuel aparezca para tener otra temporada de Ediciones Martes). Volviendo al blog, navegando un día entre el montón de páginas que hay dedicadas a estos temas encontré una crónica con el escueto nombre de 10.6 segundos. Cuando me atreví a dar clic sobre el enlace no sabía que estaba a punto de pasar página en mi vida intelectual.

viernes, 1 de marzo de 2013

Diario de Alcalá (fragmentos)

Aquí les dejo trozos de una deliciosa crónica de Leila Guerriero sobre sus días en la añeja universidad de Alcalá de Henares, en el año 2010. Colección de viñetas memorables de una de las maestras del género en el continente.




miércoles, 27 de febrero de 2013

Juan Gelman, "es muy difícil pescar a la señora esta de la poesía"


Hace unos días, en la Feria del Libro, en uno de esos montones de libros que llegan a Cuba desde Venezuela y de repente nos regalan joyas como Los detectives salvajes en 30 pesos cubanos, conseguí una antología de poemas de Juan Gelman, el errante poeta argentino. Hoy, gracias a @golfemia encontré esta entrevista que le hicieran en el diario El País a finales del año pasado. Magníficas respuestas en las que encontramos a un hombre de ideas lúcidas brillando en la oscuridad de la noche.