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lunes, 15 de septiembre de 2014

Senel Paz: “Cuba no requiere verticalidad, ni machismo entre los machos”


Por Rosa Miriam Elizalde / Especial para La Jornada
Gabriel García Márquez dijo alguna vez que Senel Paz era el mejor guionista de diálogos en español. Senel se lo toma como un piropo del Nobel, pero no se posible soslayar que su cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo (Premio Juan Rulfo, 1990) es un clásico de la Literatura cubana y un referente literario universal, con decenas de traducciones y versiones para al cine –la célebre Fresa y chocolate-, el teatro, la pintura y hasta el musical. Ahora mismo, tiene un éxito arrollador en Buenos Aires una adaptación para las tablas, mientras él escribe en La Habana un guión para una nueva película y sigue la saga de los personajes de sus cuentos y novelas, siempre en la adolescencia o la primera juventud, siempre bregando contra el hombre unidimensional y la intolerancia.
Eres el gran rompedor de barreras literarias de tu generación. Lo dice uno de los críticos más importantes de Cuba, Francisco López Sacha.
- Sacha es sin duda un gran crítico literario, pero con los amigos se entusiasma demasiado, por eso todos aspiramos a que despida nuestro duelo cuando llegue el día. Yo escribo por inspiración y necesidad, no me preocupa por el lugar que me toque en el panorama literario, que ni importa ni es posible determinar por uno mismo.
- ¿Por qué ese título, El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que cuesta recordar?
- Titular no está entre mis habilidades. Pero no me parece un mal título, solo difícil de recordar y malo para vender. La pista está en comenzar por el animal. Fresa y chocolate es bueno para vender, pero me gusta menos como título. Siempre fue provisional, hasta que se me ocurriera uno mejor, lo cual nunca ocurrió.
Ni en el cuento ni en la película famosos sabemos a qué lugar se fue Diego, el homosexual. ¿Regresó?, ¿regresará?, ¿de dónde?
- Si supieras que no sé. Debe ser España o a México. La semana pasada conocí Buenos Aires y me pareció una ciudad ideal para Diego. En cuanto vuelva a mí, me dirá dónde anduvo. Mucha gente me pide que escriba una segunda parte de la historia.
¿Por qué?
- Piensan en algo así como un regreso en el que juzgaría adónde ha ido a parar el país quince o veinte años después de su salida, y eso a mí me suena a comisionado de la ONU en tareas de inspección. Más bien lo siento próximo a contarme con ironía su vida sexual y a hablarme de la soledad y la vejez.
Según Diego sabemos qué necesita la Revolución cubana. Según Senel, ¿qué es lo que no necesita?
- No necesita la verticalidad, el machismo entre los machos, la retórica, los periódicos tal como los hacemos hoy, el temor a los jóvenes.
¿Qué es eso del machismo entre machos?
- Sólo nos quejamos del machismo como la relación abusiva del hombre hacia la mujer, pero existe una relación machista entre los hombres que es muy peligrosa sobre todo cuando se entrevera con la política. Es la permanente confrontación y comparación de las bolas, la idea de que las tuyas tienen que ser más grandes y dominantes que las de los demás.
Parece un chiste.
- Pero es algo grave, explica por qué Cuba da consejos y hace críticas a terceros pero no las admite, no escucha. También explica la verticalidad, que un funcionario (un político) no haga suyo lo que le propone uno de abajo. Si hablamos de una ley de cine, pongamos por caso, tiene que proponerla el funcionario, no el cineasta. Ya sabemos que en Cuba pueden ser machistas los hombres, las mujeres y los gays.
¿Le ha hecho bien o mal el cine a tu literatura?
- Se han hecho bien mutuamente. Para mí son como una pareja de baile: se entrelazan, se complementan, se funden, pero también se separan y cada cual sigue siendo quien es.
¿Por qué has escrito más guiones de películas que novelas?
- Tal vez porque los guiones se escriben más rápido, se pagan mejor y son una novela que se vive pero no se escribe. De todos modos, en lo que a mi obra se refiere --es decir, las películas basadas en mis personajes-- creo que terminaré invirtiendo la relación. Cualquier género o lenguaje que me permita crear personajes e historias me viene bien. Me muero por hacerlo en el teatro.
¿Te ayudan a entender la realidad o es la única manera de soportarla?
- Todo arte ayuda un poco a entender la realidad y también a soportarla. La realidad es demasiado dura como para que podamos vivir sin fantasías, desde la religión al arte, los bares y el amor.
Según Stendhal, "he puesto mi felicidad en estar triste". ¿Dónde la has puesto tú?
- Me siento cómodo en la melancolía y el silencio. La melancolía es dulce y creativa y permite escuchar música. Como provengo del campo, también pongo mi felicidad en el silencio, en los grandes espacios abiertos, en las nubes y en los árboles. Soy un gran observador de nubes.
Dijiste alguna vez que “Cuba es una isla con banda sonora”…
- Porque siempre está sonando música en alguna parte, bien desde un aparato o porque alguien toca o porque la imaginamos. Hablamos cantando, nos movemos bailando, al compás de un ritmo que nuestro oído capta y que está en alguna parte, cuando menos en el recuerdo. El cine nos ha habituado a que las escenas están acompañadas de música o de silencios igualmente elaborados.
¿Y cuál es la clave oculta de tu obra?
- Las claves son como las contraseñas, las más importantes uno las olvida, pero ahí están.
¿Qué está pasando en la literatura cubana hoy?
- Nos estamos levantando.
¿Y en el cine?
- Nos estamos hundiendo.
¿Cómo enfrenta la cultura cubana los cambios que se están produciendo en la Isla?
- Con impaciencia, con muchas ganas de participar y con poca participación efectiva. Tiene que ver con aquello de las bolas de que hablamos. A veces parece que lo mejor que hoy puede hacer un artista por la cultura es orar para que nuestros funcionarios tengan buenas ideas… o sobarle las bolas, lo que cada cual prefiera. Pero lo que uno quiere es actuar, participar.
Entonces, ¿cuáles son los cambios más importantes en los últimos años?
- Los climáticos. La isla se está calentando.
¿Qué relación has tenido últimamente con la literatura mexicana?
- Un descubrimiento, un reencuentro y una noticia. El descubrimiento, Juan Antonio Parra; el reencuentro, Francisco Hinojosa; la noticia, lo que dicen los amigos de la última novela de Gonzalo Celorio.
¿Dónde te agarró la muerte de Gabriel García Márquez?
- En Ciudad de México. Primero como presagio. Salí a caminar por esas calles del Centro en las que venden libros viejos y veía muchos títulos de Gabo y eso me dejo la certeza, la inquietud, de que su muerte estaba próxima. Y así fue: dos días después llegó la noticia. Estaba en la ciudad que murió.
¿Quién era Gabo para Senel Paz?
- Gabo fue para mí inspiración como escritor, como hombre y como maestro. Debo aclarar que yo no alcancé la categoría de amigo de Gabo, solo tuve muchas oportunidades de estar cerca de él, de auxiliarle en trabajos y de disfrutar de su simpatía Si lo hubiera admirado menos, tal vez hubiera podido conquistar su amistad. Fue mi culpa que no sucediera.
(Tomado de La Jornada)

sábado, 18 de enero de 2014

All about "Her"


por Raúl Reyes Mancebo

“¿Crees que soy raro por enamorarme de mi sistema operativo?” “Todo el que se enamora es raro”. Así, sin concesiones entre humanos y otros seres, se nos presenta “Her”, la cuarta película de Spike Jonze, una devastadora – y a la vez vivificante - ópera de amor, soledad y nostalgia.

En Los Ángeles de un futuro mucho más cercano que nuestro pasado, en el que todos usan pantalones cómicos y dependen de sus innumerables equipos electrónicos, Theodore, quien escribe (dicta) postales hermosas para extraños, vive una vida de profunda soledad hasta que cae rendido (y nadie podrá culparlo) ante Samantha, su nuevo OS inteligente.

Muchísimas películas podrían tener una sinopsis así y ser completamente diferentes. Desde comedias absurdas hasta dramas anti-tecnología. Pero la versión de Spike Jonze es fabulosamente madura y mágica.

Esta no es una película de odio en la que las computadoras son el enemigo: el enemigo siempre hemos sido nosotros mismos y nos hemos refugiado en ellas para evitar seguir hablando entre nosotros y seguir haciéndonos daño. No es su culpa: es la nuestra. Siempre lo ha sido. Pero eso no quiere decir que seamos malos. Solo somos – y esto lo comprobamos dolorosamente al final de “Her” – inferiores. Pero hay esperanza… Confiesen, ¿cuándo fue la última vez que una película les recordó todas esas cosas?

La plasticidad del filme, con todos esos colores pasteles, esos grandes edificios que sin embargo parecen vacíos (filmados en Shanghái), esa nostalgia por todas partes y la soledad aguda de sus personajes, me hicieron pensar mucho en “Lost in Translation” (lo cual no creo que sea una casualidad: Spike Jonze es el ex-esposo de Sofia Coppola y Scarlett Johansson trabaja en las dos).

¿Cuándo fue la última vez que vimos a Joaquín Phoenix reír? Hace mucho. Pero aquí lo hace, así que le perdonamos su controvertido pasado y acogemos a su Theodore inmediatamente como nuestro héroe y nuestro amigo, el que queremos denodadamente que sea feliz. Scarlett Johansson es impecable como Samantha, a la que nunca vemos pero de la que también nos enamoramos con su honestidad, ingenuidad, y vulnerabilidad (“a veces temo que mis sentimientos sean programados”). Amy Adams está en todo y en todo está bien. Rooney Mara, Olivia Wilde y Kristen Wiig como la hilarante voz de “Sexy Kitten” (en esta película uno se ríe mucho, no se dejen llevar por mi nostálgica reseña”) completan el excelente elenco.

“Her” no se permite un estereotipo. Uno lo espera todo el tiempo, pero nunca viene. Ni estereotipos cinematográficos, ni amorosos, ni de soledades, ni de tecnologías. Es una película original desde el inicio hasta el final. Sin embargo, es una película brutalmente real. Y nos deja tristes, pero nos hace buscar con la vista a la persona más cercana de nosotros en el cine, a la cual no habíamos notado al entrar, y sonreírle. Y, sin odiar a nuestras computadoras o teléfonos, nos volvemos mejores seres humanos. Y todo gracias a “Her”.

miércoles, 30 de octubre de 2013

La caza: algo sigue podrido en Dinamarca

por Julio Martínez Molina
 
Sin dudas, uno de los realizadores contemporáneos más provocadores, inquietantes -e incómodos para cierto público de estómago acomodaticio- es el danés Thomas Vinterberg, cofundador junto a su coterráneo Lars von Trier del otrora célebre y hoy olvidado Movimiento Dogma 95, corriente propugnadora de cero artificios y renuncia absoluta en la construcción del relato de mecanismos históricos de la puesta en pantalla: entelequias impropias para un arte de representación como el cine que condujeron a autoneutralizar dicha tendencia.

Así y todo, dentro del Dogma 95, Vinterberg filmó aquella excepcional obra titulada Celebración, de 1998, cuya célebre catártica cena familiar, donde afloraban las violaciones paternas y las constantes humillaciones de un clan sometido a la más oprobiosa desintegración moral, ha inspirado a cierto cine europeo; sobre todo a varios reconocidos títulos griegos de última generación.
Si bien menos crudo que en Celebración, el creador de Submarino vuelve al tema de la pederastia en La caza, de 2012. No obstante, ahora Lucas, el profesor del jardín de infantes acusado de pedofilia, es uno de esos falsos culpables a los cuales el séptimo arte nos acostumbró desde Fritz Lang hasta Alfred Hitchcock. Vinterberg, también coguionista, juega con la premisa básica de que el espectador es el único que en realidad está consciente de la inocencia del hombre. No así el resto de sus colegas en la guardería, ni quienes hasta ayer eran sus mejores amigos, incluido Theo, el más próximo de ellos y padre de la niña con la que supuestamente cometió un acto exhibicionista. Hecho en verdad generado de la fantasía de la pequeña Clara y, probablemente, de ciertas circunstancias familiares sobre las cuales el guion solo apunta indicios muy abiertos, mas no por ellos menos desasosegantes. 
Vinterberg explora en este inteligente, detallista y contenido filme la capacidad de reacción del ser humano para anteponer su costado animal a la posibilidad del raciocinio ante la sospecha menos fundada. Lucas, excelentemente defendido por el actor danés Mads Mikkelsen, ganador del premio al mejor intérprete en el Festival de Cannes 2012, cae presa de la cacería del título, blanco de una espiral de desprecio, elusión y violencia, de la cual intenta emerger mediante la fuerza moral de su inocencia. Pero le resulta bien difícil, debido a la tozudez de la gente del pueblo, proclive a dejarse llevar por las apariencias, reacia a interpretar los hechos e incluso a dejar hablar a la niña. En toda la madeja de malentendidos obra también no poco de maldad e ignorancia combinadas, desde el mal proceder de la directora de la guardería hasta el psicólogo infantil encargado de valorar el caso.
Consagrada por la Declaración Universal de Derechos Humanos, la presunción de inocencia debe estar garantizada en todo proceso judicial; sin embargo pocos creen en la de Lucas, no sea su hijo y algún amigo. En medio de la histeria colectiva, la turba se abalanza sobre la fiera herida, sin siquiera sopesar el concepto de duda razonable ni valorar su definitiva absolución por la ley. De presuntas familias modélicas surgen seres inquisitoriales e intolerantes, cuyo torrente sanguíneo irriga la hipocresía, quienes nunca aceptarán al imputado, no obstante eximirlo de culpas la justicia. El disparo final al personaje central en medio de la simbólica caza del ciervo lo refrenda. Con ello Vinterberg confirma, una vez más en la pantalla de estas latitudes, que algo sigue podrido en Dinamarca. Siglos después de Hamlet, de dicho aparente remanso de bienestar -conjuntamente con Noruega, Holanda y Suecia-, están surgiendo películas muy turbadoras sobre la descomposición moral del género humano, marcadas por un pesimismo desesperanzador sobre las relaciones de la especie. La caza es una muestra elocuente de ello.  
No le falta razón al científico social Jaime Richart cuando sostiene que "La caza es una película que expresa a la perfección esa lacra de sociedades donde han dominado por los siglos de los siglos la ortopedia e hipocresía propiciadas por una interpretación tremendista de los textos sagrados judeocristianos, por la obsesión del sexo reprimido y por la tendencia a la difamación”. Vinterberg prosigue gestionando el rayos X cinematográfico más certero de una disfuncionalidad secular.

(Tomado de La viña de los Lumière)

lunes, 21 de octubre de 2013

La cosa: noticia de última hora

Por Nelson González Breijo


Un equipo multifacético del Plantel Universitario Ñeco Talón (PUÑETA) ―espacio académico de dudosa reputación, sin referencias en Wikipedia ni en alguna otra publicación conocida― dio a conocer su desconcierto luego de analizar a fondo la película ¿Qué cosa? (Juan Carlos Travieso, 2013).   

Las demandas de los catedráticos apuntan, sobre todo, a la manera en que el audiovisual aborda su tema central. “Daba pena la reacción de los espectadores en el cine, hubo quien no paró de reír… y ya sabemos que ‘la cosa’ en Cuba pude ser algo serio, complejo. Más de una vez ha sido clasificado como asunto de seguridad nacional”, comentó el Dr. Máximo Cosero, jefe de los investigadores.

Con una estética expositiva de representación documental, el filme revela algunas de las infinitas y escurridizas acepciones que puede agenciarse el vocablo “cosa” y, como quien no quiere las… o sea, de refilón, se acerca a la realidad cubana de los años 90 y del presente en voz de sus protagonistas.

Cosero comentó que estuvo pendiente de este audiovisual desde el instante en que supo de su realización: “el tema, además de constituir para mí un interés personal, ha sido una línea investigativa de PUÑETA por innumerables años”.

Un poema popular interpretado en off por el actor Miguel Moreno, más conocido por el público cubano como “La llave” ―personaje humorístico del espacio televisivo Deja que yo te cuente―, sirve de hilo conductor a lo largo de casi 14 minutos de audiovisual que intentan desentrañar el camaleónico significado de la palabra en cuestión, por más enrevesada que parezca la cosa.  

Sonidos, carteles, personajes de la cotidianidad y hasta los propios entrevistados se emplean como pequeñas cuñas que intervienen para dinamizar el ritmo de los diálogos. El montaje, además de vertiginoso, se antoja punzante y perspicaz; travieso, podría decirse. Aunque a veces la crítica social llega tarde, o se reitera en demasía algún que otro recurso visual.

Entretanto, la Dra. Eva Cosilla, profesora titular e integrante del equipo académico de PUÑETA, planteó su inconformidad con el tratamiento de la imagen de la mujer. “A lo mejor no se publica esto, pero debo decirlo: yo no sé cuántas veces los traseros de las cubanas llenaron la pantalla, ¿acaso nosotras no tenemos otra cosa que mostrar?”.

Destaca en el audiovisual el uso de la música. Además de las composiciones del trovador Tony Ávila, se escuchan temas de Van Van, Habana Abierta, Liuba María Hevia, Cesar Pedroso, Adalberto Álvarez, Jorge García y Síntesis, entre otros que armonizan en el diario del cubano y contribuyen a crear una atmosfera costumbrista apropiada para el tono de la historia.

No obstante, Máximo Cosero señala como debilidad del documental la selección de los entrevistados: “Pasean ante la cámara personajes de todo tipo, hasta hay un espacito para otros académicos y nosotros, los de PUÑETA, que somos los especialistas de verdad, no salimos ni en los créditos”.

“Eso sí ―agregó el jefe de los académicos―, reconocemos que el director ha sabido llegar a una conclusión compleja, que resume varios años de trabajo de nuestra institución: La cosa puede ser lo que alegre, lo que duela, lo que moleste, lo que motive; lo que haga odiar, rabiar, luchar, crecer, seguir; en fin, lo que cada cual descubra en la palabra”.

“Lo primordial ―finalizó la Dra. Cosilla― es que, para alcanzar lo que queremos, hay que hacer de todo, cualquier cosa menos sentarnos a esperar.”

(Tomado de Cubacine)

lunes, 7 de octubre de 2013

Cuarón se va al espacio

Gravity tiene conmocionado a medio pueblo. De Alaska a La Patagonia, todo aquel con acceso a un cine de estreno no para de hablar de otra cosa.Raúl Reyes Mancebo, nuestro pariente en Canadá más querido, ha soltado, sin meditarla demasiado, esta parrafada en su estado de Facebook. A la espera que nuestros diligentes amigos descarguen una buena copia en HD, o que nuestro proveedor de paquetes informativos más cercano pase por la casa, les dejamos esta reseña súbita (el término me lo acabo de inventar y me encanta). Con ustedes, Gravity by Raúl Reyes Mancebo.



Cada cierto tiempo el hombre necesita de una película que le recuerde la existencia de un lugar al que nunca podrá ir pero que le fascina por constitución: el cosmos. De ahí que muchos clásicos del séptimo arte se hayan desarrollado en la estratosfera. Con este empeño (el de devenir clásico) nos llega “Gravity”, de Alfonso Cuarón, la cual, a diferencia de sus predecesoras, nos presenta el espacio…en 3D (suena lógico, ¿no?).

Esta es la historia de una expedición espacial norteamericana que sufre un accidente a causa de residuos de un viejo satélite…ruso. Pero – y esto es lo más importante de Gravity – estamos en presencia de un espectáculo visual de primer orden. Y no de James Cameron o Steven Spielberg, sino de uno de nuestros realizadores latinoamericanos, de esos que nacen condenados a hacer otro tipo de cine (me siento orgulloso de Cuarón). Preparen los Oscars técnicos porque este filme se los llevará absolutamente todos (y quizás el de mejor Director, incluso). Y se los merece completamente. La primera escena es una joya. Más de 15 minutos (quizás más) en las que nos presentan a los personajes, el escenario y el conflicto, todo esto en una sola toma sin cortes y con unos efectos especiales de “¿cómo hicieron eso?”. Esto no es cine: es teatro. Pero teatro en el cosmos y en 3D (una joyita: esa escena es una joyita del cine mundial).

Gravity tiene una historia que no es mala sin llegar a ser excepcional tampoco. Pero intentemos rescatar lo mejor: en un mundo donde la gente se suicida por cosas extremadamente simples, me gusta ver las historias de otros con problemas bastante graves (tanto en el espacio como en sus casas terrestres) luchar denodadamente por algo por lo que se merece luchar: sus vidas.

Sandra Bullock, quien es the one-woman show de Gravity, interpreta bien su papel de mujer traumada que tiene que salvarse a sí misma. Pero sobre todo porque renuncia a su papel de siempre: Sandra Bullock (“soy linda, estoy buena, trabajé en Velocidad y haga lo que haga la gente va a ir a ver mis películas…soy Julia Roberts). Obviamente se tomó el trabajo esta vez de actuar, por lo cual le daremos una nominación al Oscar. Pero no exageremos tampoco: una actriz real hubiese hecho más cosas que ella (denle la oportunidad a Cate Blanchett de hacer ese papel y eso sí sería un Oscar seguro…esperen ¿Cate Blanchett no es ya el Oscar seguro este año?). Uno que sí no tiene perdón de Dios es George Clooney. Ese sí jamás se va a quitar su personaje de George Clooney de encima (“estoy lindo, estoy bueno, tengo el pelo blanco e incluso dirijo…soy Robert Redford). ¿Un galán de pacotilla en el espacio? Salvo amas de casa sin sexo, nadie necesita eso. Odié cada segundo que estuvo en escena y recé en secreto porque algún alien apareciera de pronto y lo matara. Estaba arruinando toda la película. Por supuesto, también lo nominarán al Oscar solo porque es George Clooney y tiene el pelo blanco.

Para recordarnos a otros clásicos del espacio, Ed Harris da la voz del comandante de “Houston” como hizo en Apollo 13, Sandra Bullock necesita escapar en una nave aparte como Sigourney Weaver 30 antes que ella e incluso utiliza un extintor como motor al igual que nuestro siempre querido Wall-E (eso sí es un clásico del cosmos). Olvidemos el maquillaje de Bullock, el cual nunca se cae (¿por qué una astronauta se pintaría los labios en primer lugar?) o el racismo (los chinos no pueden parecer serios: tienen que ser siempre alocados e histéricos) para poder apreciar mejor la película.

En balance general, Gravity es una buena película. Un poco “paquetera” en ocasiones pero esto solo la hace acercarse más a otros clásicos del género (si hay cosmos, tiene que haber “paquete”). ¿Un clásico del género? ¿Por qué no? Solo el tiempo lo dirá. ¿Un clásico de la innovación técnica del cine? Definitivamente. Sobre todo esa primera escena…

jueves, 19 de septiembre de 2013

El cine social de Daniel Díaz Torres

Por Rolando Pérez Betancourt


Se nos fue a los 64 años de edad el cineasta Daniel Díaz Torres a solo unos meses de haber dado a conocer el que muchos consideran con razón su mejor filme, La película de Ana, ganador del premio de la popularidad en el último Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y cinta que le hizo merecer a Laura de la Uz el Coral de actuación femenina en un desempeño memorable.
Conocí a Díaz Torres a principios de los años setenta en una reunión destinada a teorizar sobre cine y lo primero que me llamó la atención de aquel joven fue su vehemencia para discutir a partir de unos conocimientos que, desde muy temprano, él mismo se encargó de ir madurando mediante el estudio y las lecturas y, por supuesto, viendo mucho cine.
Había que verle la pasión para tratar de llegar a las esencias, una característica que nunca lo abandonó ni como crítico de cine ni cuando, ya convertido en cineasta, comprendió que el rumbo del arte demandaba de él abstracciones y sutilezas de diversa índole.
El noticiero ICAIC y el periodismo que durante años allí debió desarrollar al lado del Maestro Santiago Álvarez, fueron decisivos para afilar la mirada crítico-social que luego iba a prevalecer en el cine de ficción de Daniel Díaz Torres, dramas y comedias que captaron las contradicciones más diversas y que con su agudeza y profunda cubanía, quedarán como testigo de una época.
Para Daniel la función crítica del arte siempre estuvo muy clara y siendo un artista revolucionario la defendió hasta las últimas consecuencias, frente a incomprensiones y tropiezos que no faltaron, algo que las futuras generaciones sabrán agradecerle.

No hace mucho coincidimos en un Festival de cine en República Dominicana y compartimos durante una semana la misma habitación del hotel, lo que fue provechoso para, en los ratos libres, pasar revista a su obra. Tenía la cabeza llena de proyectos y oírlo hablar con la misma pasión juvenil de 40 años atrás, era una fiesta en medio de ese optimismo suyo que solo una muerte demasiado presurosa fue capaz de aplacarle.

(Tomado de Granma)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Gatsby, DiCaprio y el maldito 3D


Por David Vázquez Abella

No siempre la tecnología cambia nuestras vidas radicalmente, ni siquiera cambia un sector. Por mucho que se empeñen en demostrar lo contrario, el cine 3D no cambió el séptimo arte. Hasta ahora creo que estamos en presencia de un avance tecnológico de la misma magnitud o importancia de la resolución de filmación y proyección, nada más. A estas conclusiones arribé ayer en la noche cuando unos amigos me invitaron –y pagaron- a ver el filme El Gran Gatsby en 3D Manía.

Obviando lo mal diseñada que está la sala de proyección y la mala atención –tema para otro post- trataré de comentarles las impresiones sobre esta obra que algunos ya le auguran premios en los Oscars. Empecemos por la actuación. Leonardo DiCaprio simplemente espectacular, sensacional. Lamentablemente la copia de la película estaba doblada al español y no se pudo apreciar en su totalidad a este actor que desde hace rato viene demostrando que no es solo una cara linda –contrario al sobrevalorado Tom Cruise.

Cercano a los 40 años DiCaprio pone todo su encanto y habilidades como actor a disposición del director y de los espectadores. Por tanto, y como era de esperar, se roba el show. Si alguien quiere saber cómo un actor maltrata a otro que vea a DiCaprio en la escena a la espera de su amada para tomar el té junto a Tobey Maguire.

Al pobre Maguire no le quedaba más remedio que conformarse con estar junto a un grande y poner cara de Spiderman. Por un momento incluso parece que los productores juntaron estratégicamente a DiCaprio junto a Maguire para que el talento brillara aún más comparado con la mediocridad.

Por otra parte la película es buena, no hay dudas. Baz Luhrmann tiene oficio, sabe filmar, pero es una pena que sea tan cheo y chic. Planos y escenas espectaculares se desmoronan junto a la ridícula muerte de Gatsby y el dedo con la gota de sangre de su corazón, por solo citar un ejemplo.

La música muy bien lograda, probablemente también gracias al talento de Jay-Z, uno de los productores del filme.

El 3D, repito, no es gran cosa. No deja de ser un alarde tecnológico que no aporta nada a la historia. Es cierto que impactan las primeras imágenes de los copos de nieve que tal parece caen sobre tu cara, pero pasados unos 10min ya ni te acuerdas. Entre la fotografía y la edición no se nota una coherencia. En ocasiones vemos planos extremadamente insignificantes que solo pretenden alardear de la tercera dimensión mientras que otros con funciones dramáticas, bien logrados y pocos cheos apenas podemos disfrutarlos.

Del montaje no tengo críticas negativas, al contrario. En varias escenas se desataca la labor del editor. Así, se disfruta muchísimo de la secuencia donde Maguire aprecia la ciudad de Nueva York desde una ventana o el final del almuerzo donde DiCaprio quiere anunciarle a Joel Edgerton que su esposa no lo ama. Claro, en esta última sí hay una buena respuesta actoral a la interpretación de Gatsby.

¿Que va a ganar un Oscar el filme? No lo dudo. ¿Qué es una buena película? Sí, y con destellos de grandeza, pero sólo eso.

 Y gracias Leonardo DiCaprio por salvar la obra. 

lunes, 26 de agosto de 2013

Rehenes ante la pantalla.



Después de un tiempo viendo cine, uno se acostumbra a conflicto superficiales en la pantalla tratados con mucha profundidad, la cual se traduce en toda una explicación de por qué nuestros protagonistas actúan de una manera determinada, y de paso malgastan buena parte del metraje. Son pocos los personajes con características per sé, quizás los villanos remalos sean la excepción, como al final de la jornada terminarán en la cuneta, a quién le importa su historia. Sí, hablo de un cine de entretenimiento y sin pretensiones, pero no tiene por qué ser sinónimos de idiotez y superfluidad.

The host, película coreana del 2006, está hecha ante todo para divertir, pero con los códigos revertidos: los momentos dramáticos son para desternillarnos de la risa, y los gags basados en la estupidez de un personaje nos congelan, y quedamos incapacitados para soltar la carcajada que sabemos toca en ese momento. Pero la sensación es espectacular, descubrir un tema tratado hasta la saciedad (monstruo mutante aterroriza a la ciudad) desde una visión diferente, con personajes llenos de conflictos y defectos y con apenas un puñado de virtudes, se agradece, porque uno se harta del militar americano (con pequeño cameo incluido) que todo lo resuelve gracias a sus cualidades (físicas, por lo general).

Pero para seguir ampliando el espectro de lo diferente, la historia de amor colocada sin lubricante en cada cinta de monstruos esta vez se queda en lo paternal. Un protagonista con retraso mental no puede enamorarse a lo Forrest Gump, necesita una motivación mayor para enfrentar a la bestia, para adjudicarse el enemigo de toda una ciudad para él solo: la vida de un hijo. Eso suena más lógico. Y el equipo que le acompaña no pueden ser sus colegas del barrio, sino una arquera de fama nacional, un universitario alcohólico y un anciano con paciencia inagotable: todo queda en el ámbito familiar.

Cuando al minuto cinco aparece el monstruo mutante del río Han, uno debe hacer una serie de concesiones características del género, pero eso es lo maravilloso del film, la gama de géneros entre los que se desplaza, y no me refiero a una escena o secuencia determinada. Por momentos la cinta se convierte en thriller, luego pasa a comedia para regresar con una carga dramática que vuelve a desarmarse con un gag, ahí radica su capacidad de sorprender. Entre esto y los giros inesperados del guion, uno termina agradeciendo la ruptura de la rutina catastrófica donde todos conocemos el resultado final antes de sentarnos ante la pantalla.
De paso, el director John-ho Bong, le guiña el ojo al entrometimiento norteamericano, a la pasividad de los gobiernos ante los momentos de crisis y a los maravillosos diseños de los engendros marinos con un pez con piernas e innumerables extremidades, tan bizarro como asimétrico.

Ahora, cuando uno quiere buscar qué es lo más importante de la cinta, personalmente pongo a un lado la maravillosa realización para lo que debió ser una obra de serie Z y el mero divertimento; me quedo con los personajes, con su fuerza interna y con sus diez mil defectos, con el concepto de familia para una muy disfuncional. Poner a un lado todo el resentimiento interno por amor, no en el sentido comercial, es motor suficiente para echar andar cualquier filme