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jueves, 19 de septiembre de 2013

El cine social de Daniel Díaz Torres

Por Rolando Pérez Betancourt


Se nos fue a los 64 años de edad el cineasta Daniel Díaz Torres a solo unos meses de haber dado a conocer el que muchos consideran con razón su mejor filme, La película de Ana, ganador del premio de la popularidad en el último Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y cinta que le hizo merecer a Laura de la Uz el Coral de actuación femenina en un desempeño memorable.
Conocí a Díaz Torres a principios de los años setenta en una reunión destinada a teorizar sobre cine y lo primero que me llamó la atención de aquel joven fue su vehemencia para discutir a partir de unos conocimientos que, desde muy temprano, él mismo se encargó de ir madurando mediante el estudio y las lecturas y, por supuesto, viendo mucho cine.
Había que verle la pasión para tratar de llegar a las esencias, una característica que nunca lo abandonó ni como crítico de cine ni cuando, ya convertido en cineasta, comprendió que el rumbo del arte demandaba de él abstracciones y sutilezas de diversa índole.
El noticiero ICAIC y el periodismo que durante años allí debió desarrollar al lado del Maestro Santiago Álvarez, fueron decisivos para afilar la mirada crítico-social que luego iba a prevalecer en el cine de ficción de Daniel Díaz Torres, dramas y comedias que captaron las contradicciones más diversas y que con su agudeza y profunda cubanía, quedarán como testigo de una época.
Para Daniel la función crítica del arte siempre estuvo muy clara y siendo un artista revolucionario la defendió hasta las últimas consecuencias, frente a incomprensiones y tropiezos que no faltaron, algo que las futuras generaciones sabrán agradecerle.

No hace mucho coincidimos en un Festival de cine en República Dominicana y compartimos durante una semana la misma habitación del hotel, lo que fue provechoso para, en los ratos libres, pasar revista a su obra. Tenía la cabeza llena de proyectos y oírlo hablar con la misma pasión juvenil de 40 años atrás, era una fiesta en medio de ese optimismo suyo que solo una muerte demasiado presurosa fue capaz de aplacarle.

(Tomado de Granma)

lunes, 6 de mayo de 2013

Life of Pi


De un tomate y un pepino el taiwanés Ang Lee pudiera hacer una buena película. Una larga carrera moviéndose en diversas culturas y argumentos así lo demuestra. Y tiene un arma secreta: el resultar sensible justo en la medida, o si acaso prefiriendo quedarse siempre por debajo del desborde (al contrario de Spielberg, tan dado él al subrayado). Recordar al respecto solo dos cintas de Lee: Sentido y sensibilidad, el drama de época a partir de una novela de Jane Austen, y Secreto en la montaña, la historia amorosa entre dos rudos vaqueros.

La vida de Pi no cuenta una historia de náufragos cualquiera. En el bote en que va a la deriva el joven protagonista sobreviven también una mona, una cebra, una hiena y un tigre de bengala, que será el único animal en quedar con vida y con mucha hambre.
La cinta se basa en una exitosa novela de Yann Martel, con 42 traducciones desde que se dio a conocer en el 2001. Una historia (muy difícil de llevar al cine por sus demandas técnicas) y un filme signado tanto por un profundo espiritualismo, como por una impronta de realismo mágico, que al final hace que el espectador se pregunte si ha visto "algo" real, o acaso ha sido víctima de un sueño.
Uno de los aciertos del filme es su estructura: una primera parte en que un novelista en busca de un buen relato conoce al Pi adulto y este le cuenta sobre su niñez en la India ––verdadero despliegue de simpatía y buen humor–– y la segunda, referida al naufragio de la embarcación donde viajan el joven, su familia y los animales que conducen a Canadá.
La primera parte ha servido para subrayar la espiritualidad del muchacho, proveniente no de una sola religión, sino de varias, y factor importante en la voluntad férrea que deberá desplegar en su lucha en el océano.
Bello relato apto para todas las edades este último filme de Ang Lee (2012) concebido en 3D. Una visualidad rotunda apreciable igualmente en proyección normal y con unos efectos especiales sabiamente conectados al aire de fábula que pudiera tener cualquier sueño, en que uno se vea navegando en un bote en alta mar con un inmenso tigre como único compañero.

(Tomado de Granma)

lunes, 22 de abril de 2013

Lincoln


Por Rolando Pérez Betancourt, (Tomado de Granma)


Lincoln de estreno. El Lincoln de Spielberg, sin intención peyorativa, que ya se sabe que hay tantos Napoleón como directores empeñados en asumir el personaje, y lo mismo sucede con cuanta figura histórica cobre vida en pantalla.

Para bien y para mal, Lincoln ha estado en la boca de muchos. Mientras algunos le aplauden sus virtudes técnicas, otros le critican, esencialmente, su tono didáctico (que lo hay) y su desarrollo bastante denso, muy lejos del cine de Steven Spielberg.

Lincoln fue una de las películas más publicitadas del pasado año y obtuvo 12 nominaciones al Oscar. Pero a medida que transcurrieron los meses fue perdiendo fuerza y solo obtuvo dos de esos galardones, el principal, el Oscar al mejor actor (indiscutible) que obtuvo el inglés Daniel Day Lewis por su desempeño como el décimo sexto presidente de Estados Unidos, un político que procuró evitar la disgregación de la Unión durante la Guerra Civil, que abolió la esclavitud y que sin duda es recordado en el imaginario público por su honestidad y fortaleza de espíritu.


martes, 9 de abril de 2013

Django Desencadenado


por Rolando Pérez Betancourt, (Tomado de Granma)



No alcanzarían los adjetivos para calificar a Django desencadenado, el último filme de Tarantino. Una película en la que coinciden las mismas discordancias de su reconocida obra maestra, Pulp Fiction (1994), discordancias que al romper con viejos moldes narrativos crean un estilo en el que los aspectos más serios y brutales pueden ser trivializados, y hasta burlados, ante un espectador que ya no se sorprende, pues así como hay un cine de Bergman, de Kurosawa y Hitchcock, también hay un cine de Tarantino y sencillamente lo tomas, o lo dejas.