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miércoles, 17 de abril de 2013

Sinister: el fracaso del intergénero



Por Javier Montenegro

Cuando uno se enfrenta a una película de fantasmas, de monstruos y demás cosas fantásticas, casi nunca le entra al asunto de espalda y enjabonado. La carpeta con la película siempre viene con un póster o uno hace la tarea y se lee la sinopsis; todo esto provoca un pacto: cuando nos sentamos (también puede quedarse de pie o acostado) a ver la cinta, corremos ciertos límites que por lo general son inadmisibles. El ejemplo más sencillo es el de los asiáticos voladores: si no estamos acostumbrados o aceptamos de antemano la ligereza kilográmica de los japoneses, chinos y compañía, se nos hace imposible disfrutar la historia.

En el caso del cine de terror,las fórmulas y clichés están bien definidos e intentar saltárselos es muy peligroso. Para mezclar géneros se necesita mucho talento o mucha experiencia. En Sinister, la combinación entre el suspense-thriller-policiaco y los fantasmas fracasa de manera estrepitosa. De un inicio las cartas en la mesa nos señalan a un hombre de carne y hueso, un asesino en serie metódico, y aunque se respira un aire espectral a ratos, la cuestión no sobrepasa los sustos. El problema real en este tipo de cine es el momento mágico del cambio de género. Cuando vi un Cuento de Fantasma, de Kenji Misumi, el autor ya nos anunciaba desde el título la presencia de los muertos y por eso el cambio brusco no molestaba tanto, más bien se disfrutaban los recursos empleados por el autor.

martes, 16 de abril de 2013

M, los genios de Friz Lang y Peter Lorre se unen


por Emilio de Gorgot  (Tomado de Jot Down)
Es uno de los personajes más perturbadores de la historia del cine, encarnado por uno de los más grandes actores que jamás hayan existido, y por si fuera poco, bajo la batuta de uno de los más grandes directores. Aun así, nunca deja de sorprender que semejante largometraje, con una temática tan dura, fuese rodado en 1931, pero esa es la realidad. A día de hoy, incluso cuando ya hemos visto muchas películas considerablemente más explícitas, las andanzas del siniestro Hans Beckert siguen poniéndonos los pelos de punta. Aunque, por descontado, sacar adelante aquella idea no resultó tarea fácil.