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lunes, 20 de abril de 2015

Salsa postmoderna para gozar

por Jorge de Armas
En abril de 1997 conocí a José Luís Cortés.  Con él disfruté de comidas en su casa y reuniones en la sede del Partido provincial (sí, leyeron bien, disfruté) el Tosco en una reunión con Lazo es sumamente disfrutable. Y después de semanas de encariñamiento mutuo, de verlo trabajar día a día, - y gozar también – surgió este texto que fuera publicado en la Gaceta de la UNEAC, en su número de mayo – junio de 1997.  En estos días en los que recibe el más que justo homenaje, para quien considero el más grande músico cubano surgido del proyecto cultural cubano, además de un tipo excepcional, recupero este texto que tiene la misma dosis de inmadurez que de sinceridad.

La música cubana adolece la falta de una plataforma teórica y conceptual que la legitime en su justa cabalidad, apelando, como es lógico a la rica tradición e historia pero dilucidando los elementos que estructuralmente la hacen un fenómeno distinto, desplazado de vertientes casuísticas, y condicionada por coyunturas y espacios redefinidos epocalmente.
Mucho se habla entre posturas y parapetos enfrentados el boom de la música cubana, pero en ambas posturas, la a favor y la en contra, nadie analiza desprejuiciadamente sobre qué valores se construye ese hacer musical. Algúnos limitan la función de nuestra música popular al baile y en los bailadores justifican el éxito o no de las propuestas. Esto es válido, pero en nada puede excluir la posibilidad que tiene la música de contribuir  a determinadas claves y coordenadas en que se inserta la cultura cubana. Además, nos encontramos que cada postura apela a un toponimio ambivalente, la salsa puede ser elegante, caballeresca o médica, y en los más de los casos, vulgar, chabacana y hasta misógina.
Todo lo anterior está bien aunque es insuficiente. Ahora quisiera detenerme en un fenómeno particularmente novedoso en el espectro musical cubano, fenómeno que marca pautas dentro de un hacer y que se distingue por una certeza comunicativa amparada en sólidos basamentos  musicales, conceptuales y populares.
A mi modo de ver la orquesta netamente revolucionaria, novedosa y distinta es NG La Banda y todo se lo debe al talento y genio de su director José Luis Cortés. Si desprejuiciadamente analizamos este fenómeno, podemos descubrir paradojas evidentes: por una parte la sofisticada elaboración musical, amparada en una ejecutoria impecable, armonías discretas y detalladas, arreglos espectaculares y una relación entre las partes que no deja fisuras en la proyección de conjunto, eso unido a las letras que no buscan la excelencia literaria y que se poyan en expresiones muy populares, en dichos y dicharachos al uso nacidos de contingencias y choteos diarios.
Esta dualidad pone de relieve un ejercicio muy cuidado de selección, recordemos que José Luis Cortés es un graduado de nuestro sistema de enseñanza del arte, academia rigurosa que dota a sus pupilos de una altísima preparación musical y general, sin importarle el origen del artista. Es por eso que se da la incorporación de los valores populares en un hacer “culto”, elaborado y nada empírico. En El Tosco esto es asumido como estrategia fina y cuidada, la improvisación no tiene espacio, solo el que permite la expresividad interpretativa, este juego involucra la proyección grupal, su ejecutoria escénica y hasta “poses” personales.
Por otro lado El Tosco evidencia una fractura entre enclaves paradigmáticos de nuestra música popular y apela a elementos de fusión con ánimo renovador. Unido al hablar popular nos anuncia en su hacer fraseos jazzísticos, reminiscencias al blues, rap e incluso, rock. Las tan maltratadas letras no son un sinsentido impostado, son en cambio, el elemento que señala un asidero en la tradición y evidencian la voluntad del Tosco de pertenecer, de ser parte de una historia musical a la que no puede renunciar.
La bruja, El baile chino o Échale limón son solo tres de las letras maltratadas. El compás inicial de Échale limón  merece un estudio aparte y diferenciado en nuestra historia musical, es un compás lúcido, fuerte y elaborado, que para nada anuncia el texto: “El otro día me encontré por Cayo Hueso…” Aquí está el genio, de las ocho marcas notables del compás caemos en lo popular sin tránsitos abruptos, sin cortes, solo con la ruptura de nuestros pobres esquemas receptivos; La bruja es todo un homenaje a una cultura machista que, sin embargo, no puede vivir sin la mujer, es además, un ejercicio cultísimo pues desde el medioevo en España, que para quienes lo han olvidado es la tierra madre de nuestra lengua, bruja es un apelativo común a un tipo de mujer sensual, alegre, popular. Este tema es todo un ejercicio de juego metafórico donde los elementos culturales del cubano están a relieve, puestos allí sin que nadie deba extrañarse y sí regocijarse con una música genial y un texto revelador. Así lo vemos, el bailador disfruta y el que no baila puede descubrir excelencias musicales unidas a elementos populares.



Otro rasgo que distingue al Tosco es su variabilidad, su afán de no inscribirse en una modalidad y su deseo de destacarse en medio de la linealidad discursiva de la salsa cubana. Así aparece un Mambo alucinante, heredero de lo mejor y que regala a nuestra historia musical un olvido bien rescatado, también solos magistrales ejecutados por una orquesta que, hombre por hombre, pudiera ser la mejor del país. Esto nos hace jugar y especular con su apariencia, gestualidad o proyección escénica, cuando todo esto no es más que un teatro que representa para después reírse con nosotros.
Soy ajeno a todo intento encasillador, pero creo que si en la cultura cubana de hoy alguien pudiera con justicia denominarse postmoderno, ese sería El Tosco. Salsa postmoderna para gozar pudiera ser su lema, en su hacer concurren muchos elementos que así lo prueban, la unión de lo alto y lo bajo en la cultura de modo coherente y funcional, toda una estrategia de carnavalización discursiva, un diálogo permanente con la tradición y su reincorporación en esquemas actuales, un afán de juego y reinterpretación de la historia musical y, por último, un ejercicio constante de perfeccionamiento y redimensionamiento de su propuesta creativa.
Apelar a la cultura popular o llamarse músicos populares no exime de una ejecutoria impecable e ilustrada. Hoy, la mayoría de nuestros músicos son graduados de las escuelas con un alto nivel, son por tanto, académicos y por ende sujetos de la alta cultura, el origen y lo que hacen los definen como populares, de ahí lo rico de nuestro hacer musical y lo vivo de su ambiente. José Luis Cortés, pudiera ser El Tosco, el postmoderno de la salsa criolla pero es ante todo, uno de los mejores músicos cubanos y el más preocupado en renovaciones estilísticas que activen a nuestra música y dejen de parecerse tanto los unos a los otros.



Publicado en La Gaceta de Cuba (La Habana), año 35, no. 3, mayo-junio de 1997, p. 64.

lunes, 27 de enero de 2014

¡Ño, que frío!


por Jorge de Armas
 
Santiago de Compostela, verano del dos mil y pico.

Es agosto, y hay como unos 11 grados.  La noche es fresca, Una llovizna terca intenta impedir que las quinientas personas que estamos en la Plaza de la Quintana disfrutemos de Paquito D´Rivera.

Sobre las nueve y algo, el saxofonista sale y mira al público que no se mueve, se ajusta la bufanda y dice:
-          Como decimo lo cubano ¡Ño, que frío!

El recital debió empezar sobre las ocho, le queda poco tiempo, a las diez, en el Obradoiro, justo al lado, Joaquín Sabina regala su voz y sus nostalgias a miles de mortales entregados.

Paquito, desde la tarima, clarinete en mano, saluda, con acento más cubano si cabe en esas condiciones, y provoca aplausos de todas partes. Pregunta “¿Aquí hay mucho cubano no?” y todos, creo que todos, siendo cubanos o no, de alguna manera nos reconocimos y gritamos.  Con el clarinete, ejecuta los primeros compases del Himno de Bayamo, y entre el frío y la emoción, los cubanos, todos, esa noche gélida, entramos en calor.

Entonces entra Michel Camilo, llueve un poco más fuerte, y se sienta en el piano y empieza a tocar maravillas, Paquito pone cara de susto, y lo sigue, y así pasan unos veinte minutos donde la magia de la música detuvo la lluvia, el frio, y alimento mil recuerdos. Michel descargaba montunos inventados y Paquito reconstruía la verdad de mi música.

-          Esto no estaba preparado – dice el cubano.
-          Ni falta que nos hace – responde el dominicano.

Y Paquito empieza a hablar, hace chistes de Álvarez Guedes, algunos gallegos no entienden por qué los cubanos nos cagábamos de risa. Una pieza más, esta vez corta, pero especial, este dúo, en menos de media hora, regaló sentimiento, y ante eso, a los humanos sólo nos queda agradecer.

Cuando decidimos vivir fuera de la Isla, hay momentos en los que olvidas quién eres, o cómo has sido, y corres el riesgo de perderte. Pero hay ángeles que te devuelven a lo que nunca dejaste de ser.  Paquito D´Rivera es uno de ellos, tiene el don, la magia, desde su arte inmenso, de devolverte la cubanía.


(Ayer Paquito D´Rivera obtuvo su quinto Grammy, por el D’Rivera rivera recibió el premio al Mejor Album de Jazz Latino por Song for Maura, realizado en colaboración con el trío brasileño Corrente)

lunes, 11 de noviembre de 2013

Caminado hasta el Teatro Martí


por Jorge de Armas
(Para Teresita Fernández)

A las cosas que son feas ponles un poco de amor
Y verás que la tristeza va cambiando de color…

Foto: Kaloian

Tuve el privilegio de estudiar mi dos primeros  años de primaria en una vieja casona del Paseo del Prado, quizás un marqués, o una prostituta de lujo viviese en ella, tan pegada al Barrio de Colón, sólo cabrían en ella la nobleza o las putas, que no es lo mismo pero es igual.
Los setenta, tan grises para la cultura cubana según algunos, para mí, un niño curioso que estudiaba en una casona hermosa del Paseo del Prado, fueron los años que me indujeron a todo; a leer;  a escuchar música; a conversar.
Me gustaba caminar por la acera derecha del Prado, de espaldas al mar, y pasar por los estudios del ICAIC a sentir el fuerte aire acondicionado de entre las rendijas de sus puertas. De allí vi salir a Silvio, a Pablo, a Sara, y a un grupo de rostros que no tuvieron nombre hasta años después.  En esa misma esquina de los estudios, si doblabas a la derecha, en Trocadero 162, podías a través de la ventana ver a José Lezama Lima, escribiendo su alma en blancos folios.
Pero los viernes, quiero decir, todos los viernes, lo que más disfrutaba era ir en doble fila, cogido de la mano con Yadira, una mulatita de sonrisa abierta, hasta el Teatro Martí, y allí, en su patio, reírme con los títeres del guiñol, y escuchar a Teresita Fernández regalarme su vida en cada nota.
La escuchaba mientras admiraba la belleza en ruinas del Teatro, rodeado por una verja verde que nos protegía del mundo exterior.  Allí adentro todo era paz y ella, todo era magia y ella, todo era, solamente, nosotros y ella.
No soy yo mismo si cada vez que llueve no me acuerdo de Tin tin, o si veo un gato y no le silbo Vinagrito, o si a la luz de la luna busco latas que brillen y me digan que la tristeza va cambiando de color.  No soy yo mismo si no busco de vez en cuando en mis recuerdos a Teresita, y me doy cuenta que parte de lo mejor de mi nació en aquellas tardes de viernes en el Teatro Martí.
Pasó el tiempo y pude conocerla en persona, y le conté esta historia.  Vivía en una casa en medio de un descampado, rodeada de gatos y un par de perros, y allí me cantó, para mí y para quien iba de mi mano, mil canciones que una vez más, sonaron a nuevas en mi cabeza, porque Teresita al cantar te contaba una historia con su escenografía, su atrezzo, su emoción, su llanto.
Cuando cantaba le brillaban los ojos, pero no tanto como cuando te hablaba de Martí. Varias veces tuve el privilegio de escucharla en palabras que destilaban devoción por el Apóstol. Detrás de ella, en las dos casas donde la visité, junto a la bandera cubana, nunca faltó un busto de Martí, bajo cuya sombra se cobijaba.
Ya, nunca más, he dejado de escucharla.
Donde quiera que estés, sólo te pido que no descanses, vaya mierda eso de descanse en paz, no descanses, mujer contestataria, sabia y valiente, tú sigue cantando, sigue incordiando al cobarde, sigue alentando mis sueños.
Nada hay más feo que la muerte, pero hoy, en la noche con luna de mi Habana, todas las latas en los basureros, brillaran para ti.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Deseo, Pedro Guerra en #ViernesDePoesía

Te seguiré hasta el final 
te buscaré en todas partes 
bajo la luz y las sombras 
y en los dibujos del aire 

Te seguiré hasta el final 
te pediré de rodillas 
que te desnudes amor 
te mostraré mis heridas 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 

Te seguiré hasta el final 
entre los musgos del bosque 
te pediré tantas veces 
que hagamos nuestra la noche 

Te seguiré hasta el final 
con el tesón del acero 
te buscaré por la lluvia 
para mojarme en tu beso 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 
y cuando todo se acabe 
y se hagan polvo las alas 
no habré sabido por qué 
me he vuelto loco por nada 

Te seguiré hasta el final 
por la ladera del viento 
para rogarte, por Dios 
que me hagas sitio en tus besos 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 
y cuando todo se acabe 
y se hagan polvo las alas 
no habré sabido por qué 
me he vuelto loco por nada 

Y con las luces del alba 
antes que tú te despiertes 
se hará ceniza el deseo 
me marcharé para siempre 
y cuando todo se acabe 
y se hagan polvo las alas 
no habré sabido por qué 
me he vuelto loco por nada.

jueves, 15 de agosto de 2013

Eduardo Falú: murió el músico que amarró la poesía al folclore argentino


Por Diego Jemio
“La canción es el camino más importante para difundir la poesía a grandes audiencias porque los libros se venden poco. La canción, en cambio, es muy directa, muy inmediata, y llega a mucha gente”. La definición de Eduardo Falú no puede ser más exacta. Y él no podría haberla honrado tanto como lo hizo en sus 90 años. El músico salteño, autor de algunas de las obras más bellas del último medio siglo del folclore, murió ayer en su casa en Capital Federal. No será velado y lo enterrarán hoy en el panteón de SADAIC del cementerio de la Chacarita.
Eduardo Yamil Falú nació el 7 de julio de 1923 en El Galpón (Salta), en una familia siria acomodada. Su padre era dueño de un almacén de ramos generales. La música era apenas uno de tantos entretenimientos en ese mundo criollo, lleno de gente que sabía pialar, marcar y trabajar el campo.
Algún día, un proveedor llevó una guitarra, que puso junto con los alimentos, el kerosene y los artículos de primera necesidad. No le llamó la atención. Al tiempo le picó la curiosidad, cuando escuchó el sonido de un vecino del barrio. Aprendió primero como autodidacta o copiando a su hermano, que sí tomaba clases.
A fines de los años ‘30, llegaron la mudanza a la ciudad de Salta y los estudios. Desde mediados de los ‘40, vivió en Buenos Aires. Con el tiempo surgieron las primeras actuaciones en la gran ciudad. Primero fue Radio El Mundo y después algunas peñas de la calle Lavalle, de dueños españoles.
Con los años, construiría uno de los cancioneros más notables del folclore argentino, junto a Cesar Perdiguero, León Benarós, Carlos Guastavino, Manuel J. Castilla y Hamlet Lima Quintana, entre muchos otros. Además, compuso obras épicas como Romance de la Muerte de Juan Lavalle, con Ernesto Sabato.
Pero la dupla imbatible, la que generó algunas de las más bellas zambas argentinas, fue la que hizo con su gran amigo Jaime Dávalos. Salteños los dos, bohemios y soñadores.
Vidala del nombradorVamos a la zafraZamba de un tristeLas golondrinasTonada del viejo amor fueron algunas de las canciones que hicieron en yunta. ¿Se escribirán en los próximos años versos tan dulces como “No tengo miedo al invierno/Con tu recuerdo lleno de sol” ? O una elegía al pago como La nostalgiosa. Esa dupla trajo la poesía más elevada del folclore al canto popular. Esas canciones sonaban a otra cosa, era algo distinto a lo que se venía escuchando en el folclore.
Jaime Dávalos recordó en un libro cómo nació La nostalgiosa en la española Avenida de Mayo. “Nos sentamos en un bar, en la vereda, y nos pedimos un jerez; un rayo de sol deslumbraba la copa mientras en un papelito que me dio el mozo comencé a garabatear aquel sentimiento vago de desgarramiento interior, de desposeído. La melancolía del trasplantado, del hombre del interior que viene a Buenos Aires no porque quiere sino porque sólo es la gran urbe. Siente que él es hijo del país, que mama su energía vital y por nostalgia vive selectivamente ese paisaje y esos hombres de su tierra, con la perspectiva crítica que da la ausencia”, dijo Dávalos. Mientras tanto, Eduardo silbaba y caminaba por esas calles junto a su entrañable amigo.
Mostró sus conocimientos de música clásica con sus Suites Argentinas, con ritmos folclóricos y altos momentos como intérprete de la guitarra, con dirección de Elías Khayat. Esa obra le valió el Konex de Platino en 1985. También tuvo un intenso trabajo como recopilador; uno de los rescates más recordados fue La cuartelera, nacida en el siglo XIX en los campos de batalla argentinos.
Con su voz de barítono y con su refinada guitarra –”me da su voz, la templo con cariño y mi caricia la quiere despertar”, escribió–, Falú alcanzó fama mundial. Tocó en escenarios variados de América, Europa, Japón y Rusia, entre otros destinos lejanos. Y lo hizo con zambas, carnavalitos, cuecas, bailecitos y melodías españolas, además de obras académicas.
Padre de dos hijos, tío del consagrado guitarrista Juan Falú y finísimo compositor, tenía la mirada clara, límpida, mezcla de criollo y sirio. En una de las últimas entrevistas con Clarín, confesó que le gustaba Pappo. “Tiene un lenguaje propio y muy creativo. Además, es un buen chico: lo conozco porque suele venir a verme a SADAIC (entidad donde fue vicepresidente). Pero no estoy ciento por ciento a favor de todo lo que produce el rock. En estos tiempos de crisis, la música contribuye a aliviar un poco la tensión y estimula el espíritu”, dijo. En aquella charla, elogió a Soledad y Los Nocheros. Pero exigió la defensa de los ritmos tradicionales. Y criticó a los que “confunden el arte con el circo”.
En la foto de esa nota, aparece con la mirada lejana y un sombrero negro, más propio de un tanguero que de un folclorista. Ahora, con su pérdida, es fácil imaginar la guitarra enfundada y recostada en algún rincón de su casa. Y recordar esos versos que le escribió: “ Guitarra oscura, mi compañera/En tu madera me quiero recostar/Tal vez un día cuando me muera/Sus cuerdas tensas me vengan a cantar ”.-


(Tomado de Clarín, Publicado el  10 de agosto de 2013)

lunes, 10 de junio de 2013

Encontrando al hombre azúcar



Atrapado en los caminos de la sugestión –una estela de premios a su paso por los festivales y una crítica unánimemente elogiosa- me senté el pasado domingo 9 de junio en la butaca del Chaplin a buscar a Sixto Rodríguez con ansiedad adolescente. Ya conocía la historia, ya había disfrutado las canciones, y sin embargo no pude sustraerme del encanto de estar hechizado por 86 minutos por un cuento extraño e increíble sobre un anónimo y a la vez icónico rockero.

De Detroit a Cape Town, con Searchig for Sugar Man asistimos a un reiterado viaje de ida y vuelta en el que la curiosidad de un par de fanáticos de Rodríguez se convierte en un acto de justicia poética. Canción tras canción se reconstruye el mito, en un admirable ejercicio de recreación histórica que no teme apelar a los más dispares elementos para armar una biografía singular.

Malik Bendjelloul compone una excelente pieza a partir del acertado manejo de los recursos cinematográficos puestos en función de la gran estrella, la historia. En esta obra el guion, con su estructura de novela detectivesca, se lleva las palmas. Los realizadores hacen de la presentación imprevista del dato oculto la partícula dinamizadora de la película, creando un filme que maneja códigos del suspense con una maestría admirable.

Si a esto se le suma una banda sonora deliciosa, armada con las propias canciones de Rodríguez -unos temas duros, descarnados, como el frío desierto y oscuro de las calles de Detroit-, no dude el posible espectador que disfrutará de la experiencia audiovisual y espiritual que es Searching for Sugar Man.
Resulta curioso que semejante fábula permaneciera sin ser contada en el cine hasta ahora; demos las gracias a Bendjelloul que la cuenta, y de qué manera. Se puede argumentar que hay anécdotas y poses efectistas en la narración, pero qué es la historia del rock si no una sucesión de mitos increíbles.

Con tantas sorpresas y asombros que depara el filme, prefiero no detenerme en un texto como este en detalles de la historia para que el espectador descubra la suerte de Sixto Rodríguez, un hombre que cantó a las durezas de su Detroit y sin quererlo se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Lina


A Lina Liset Saroza Manso, en su graduación

La imagen de una muchacha atada a un saxofón es, quien lo duda, sublime. Pero quisiera pedirles –y sé que no es fácil, yo mismo apenas lo logro- que dejen de lado la imagen por unos instantes y oigan lo que tienen que decir esta muchacha y su saxo.

sábado, 6 de abril de 2013

El arte de Bebo de Cuba

“La vida de Bebo es una película. Aprendió a tocar el piano en una mesa con las teclas dibujadas. Hablar con él era conocer a Cachao, el guaguancó, a Bill Evans, a Rachmaninov y el jazz. Ahora mismo estoy viendo una foto de él abrazado a Sarah Vaughan y a Nat King Cole. Bebo es la música cubana del siglo XX”.
Javier Limón
(Esto es un boceto, un atisbo que apenas permite sospechar al hombre que fue Bebo Valdés. Para que este texto adquiriera cabal dimensión, serían necesarias un par de voces que aquí faltan, sería necesario acudir al Quivicán natal, a la Suecia segunda patria, a todos esos parajes y personas en los que dejó huella. Pero no es posible. Parafraseando a Ana Prieto a propósito de Borges, entre los recuerdos, las veracidades y el eco, el único testimonio es su música. Pero aun así surge terca e imperiosa la necesidad de un texto como este).



miércoles, 27 de marzo de 2013

Escuchando a Chicoy en perspectiva

Esto quizás sea el homenaje a destiempo por los cuarenta años de vida artística de ese guitarrista insustituible en la música cubana que es Jorge Luis Valdés Chicoy. O a lo mejor no es nada, si acaso un ejemplo brillante de cómo me distraigo mientras hago la tesis.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Cuba también tiene sus misterios


Viajar en un P4 atestado y caótico un sábado al caer la noche. Sentir como los continuos y tímidos frenazos de la guagua balancean a los pasajeros en incomprensible y cifrada coreografía a un compás que solo tú, que llevas puesto unos audífonos en los que se escucha un vals de Dvorak, entiendes.

jueves, 24 de enero de 2013

Cuba y la noche


Esas son las patrias de Martí, que hago mía porque resumen cabalmente los motivos de este blog. Cuba es la patria física, el corazón de las costumbres, los recuerdos primeros encerrados entre el montón de agua que nos rodea.
La noche, transfiguración del cotidiano día, es la patria espiritual, la de los desvelos y la reflexión, la madre de los sueños, por tanto, de la imaginación génesis de la creación.
Ojo, el arte (por ende los artistas) es ciudadano del mundo; y si bien afinca sus raíces en identidades concretas, es solamente para usarla como plataforma de lo universal. Por eso aquí se entrecruzan épocas, regiones, etnias, estilos, idiomas, en caos aparente pero con la honda intención de trazar una cartografía poética (soy un convencido de que un poema, un cortometraje, un cuento y un blues son apenas disfraces estratégicos de la poesía).
Esto no pretende ser un mercado de reflexiones sombrías, ni un intento de disputa de espacio al más que poblado mundo de las publicaciones culturales. Esto es apenas un juego, así que relájate y piensa en este blog como esa mesa de noche que acompaña a la cama, en la que, cuando estiras la mano, encuentras el poemario que espera una lectura, esa película que se fue en blanco en los Oscar, la Gaceta de Cuba que compraste hace meses, la novela que te recomendó aquella muchacha de pelo rebelde, la canción precisa que traduce tu estado de ánimo.